El pasado 18 de abril de 2026 se realizó en la sede de Madrid de la ELP una actividad promovida por la Junta directiva con la coordinación de Blanca Cervera, Departamento de Psicoanálisis con niños del Nucep, y Mariam Martín, Cereda Madrid, junto a Eugenia Caretti, Paula Fuentes, Marjorie Gutiérrez y Eugenia Viacava bajo la fórmula de “Debate”, para conversar, elaborar y sacar enseñanzas sobre el eje de la diferencia Niño/adulto: infancias apuestas y desafíos.
Tal como Mariam Martín explicó en la apertura del Debate, para esta Comisión se trataba de provocar un espacio de conversación, de permitir formularnos preguntas, sacar enseñanzas y provocar una elaboración compartida, ya que consideramos que es necesario un aggiornamiento para estar a la altura de la subjetividad de la época, es decir, volver a formular ciertas cuestiones sobre el niño y su estatuto para pensar que significa, hoy la diferencia niño/adulto en los diversos discursos que le atraviesan y aportando, en contraposición, desde el psicoanálisis la premisa fundamental que “el niño sea un sujeto de pleno derecho”, lo que nos convoca a dilucidar con todo rigor qué implicaciones tiene esta premisa.
Se conformaron dos mesas, una primera mesa epistémica con la participación Eugenia Caretti, Javier Garmendia, Carlos Montero, coordinada por Marjorie Gutierrez para debatir estas cuestiones relevantes bajo la modalidad de pregunta. Y una segunda mesa clínica en la que intervinieron Ascensión García, Paula Fuentes y Josefa Rodríguez con la coordinación de Blanca Cervera, que nos acercó a cómo es convocado a emerger el sujeto de pleno derecho en cada encuentro con un analista.
Tomando el vídeo de presentación del Debate, en el que hay una cita de J.- A. Miller: “Si borramos toda diferencia entre niño y adulto, son los fundamentos mismos de la democracia los que quedan cuestionados”. Afirmación con una gran contundencia que nos permitió debatir sobre ella.

El niño, con su diferente relación a la palabra, al goce y al Otro encarna una posición subjetiva diferenciada: no quiere saber nada de la castración y está comprometido con el ejercicio de su condición de perverso polimorfo, momento lógico fundamental que implica la necesidad de proteger el tiempo de la infancia, como afirmaba S. Freud. Desde esta posición no es posible considerarlo un ciudadano responsable, idea clave que sostiene la democracia.
Aunque, el niño tiene derecho a ser escuchado, su palabra tiene otras condiciones al estar totalmente comprometida con el deseo del Otro, y es precisamente sobre esta diferencia fundamental que la palabra del niño no soporta el mismo peso que la del adulto, que se sostiene el orden social.
Al mismo tiempo se planteó que si el tiempo de la infancia es borrado no es posible diferenciar distintos grados de responsabilidad entre los sujetos, al borrarse e igualarse solo quedan dos consecuencias: se infantilizan los adultos o se empuja al niño a la adultez. En la clínica comprobamos que, si el Otro no se autoriza a desear algo del niño, éste se queda a solas con la pulsión. Si no hay un Otro que oriente y pacifique los embates de la pulsión, el Otro que opera pasa a ser directamente el cuerpo con sus exigencias pulsionales.
Mariam Martín
CEREDA Madrid
Miembro AMP- ELP
